"Legacy", un legado en tres facetas



1. El legado que se reinventa

El primer ciclo de canción me robó el corazón fue "Combat del somni" ("Combate del sueño") de Frederico Mompou (1893-1987). Afincada en Viena, alejada de las bibliotecas catalanas, buceaba obsesivamente en una internet incipiente intentando entender por qué había indicios de que el ciclo iba más allá de las tres canciones más conocidas Damunt de tu només les flors (Sobre ti sólo las flores, escrita el 1942), Aquesta nit un mateix vent (Esta noche un mismo viento, 1946) i Jo et pressentia com la mar (Yo te presentía como el mar, 1948), todas con textos del editor y crítico hospitalense Josep Janés (1913-1959). Esta obra maesta había sido propiciada por la amistad intergeneracional que habían porjado el compositor y el poeta. Una cuarta canción del mismo poemario, Fes-me la vida transparent (Hazme la vida transparente), había sido incomprensiblemente publicada de forma aislada y ni el pelegrinaje hasta el stand de Salabert Editions en al Musikmesse de Frankfurt me sirvió para sacar nada en claro. Así fue hasta el año 2003 cuando con la pianista e inestimable cómplice Daniela De Marchi tuvimos la inmesa suerte de poder visitar a Carmen Bravo, viuda de Mompou, que nos aclaró el misterio y nos dejó copiar los manuscritos de Fes-me la vida transparentAra no sé si et veig encar (Ahora no sé si aún te veo). Esta quinta canción nunca fue entregada para ser editada a pesar de su indudable calidad porque Mompou se había basado parcialmente en ella para otra obra. En ese momento no había ninguna grabación de esta pieza y la devoramos y digerimos como si de un estreno mundial se tratase. Bravo tambiéns nos contó la trista histori que se esconde tras la dedicatoria del poeta: "Sonetos a Maria Victòria, que murió con su sueño": una joven bailarina amiga de Janés que fue encontrada inesperadamente muerta sobre su cama. Por lo que denota el fondo de Pura Gómez de Ribó en la Biblioteca Nacional de Catalunya, el cicle de cuatro canciones se fue estrenando paulatinamente a lo largo de seis años en la voz de esta soprano, intérprete de cabecera de Mompou, con el propio compositor en el piano. Desde entonces este ciclo me acompaña y me acaricia profundamente el alma cada vez que lo interpreto. Consciente de que el autor ha sido una de los grandes referentes de la canción catalana, merecía un sitio de honor en el disco, donde simboliza el inicio de un legado que culmina en la obra de estreno de Joan Magrané.

Musicalmente, pocos compositores han conseguido tanto con tan poco, como lo hizo Mompou. Creo que nadie mejor que él puede describir su estilo compositivo: “Soy un hombre de pocas palabras y un músico de pocas notas. La música está escrita para lo inexpresable, querría que pareciera salir de la sombra para volver de nuevo a ella.” Su personalidad tranquila, su tímidez y sus maneras discretas se ven reflexadas en la sencillez, la transparncia, la melancolía y la calma de sus composicions.

En los tiempos que corren a nadie se li escapa que las relaciones políticas entre España y Cataluña no pasan por su mejor momento, por eso me parece importante homenajear y recordar vívidamente los lazos culturales que nos han unido, nos unen y siempre nos unirán, independentmente de las estructuras políticas que rijan el mapa de la península ibérica.

Con esta premisa elegí el maravilloso y exigente ciclo "Seis Canciones Castellanas" de Eduard Toldrà (1895-1962) con textos de extraordinarios poetas españoles (tal y como era obligatorio en los años 40 durante la dictadura franquista). La colección de las seis canciones con textos castellanos, considerada su obra de postguerra más importante, se estrenó el 29 de Marzo de 1941 en el Palau de la Música por la soprano Mercè Plantada y el pianista Blai Net. Las cançiones fueron encargadas por su amigo, bibliotecario y editor Josep Porter i Rovira. En 1940 compuso La zagala alegre –dedicada a Francesc Martí i Marfà- i Mañanita de San Juan –dedicada a Manuel Clausells-. Un año más tarde durante su eclosión como director finalizó el resto de la serie castellana: Nadie puede ser dichoso –dedicada a Berthe Willotte-, Cantarcillo -dedicada a Luis de Urquijo, Marquès de Bolarque-, Madre unos ojuelos vi –dedicada a  Mercè Plantada- i Después que te conocí –dedicada a Maria Moix de Porter-. En este ciclo no vemos los elementos habituales que inspiran la obra vocal de cámara de Toldrà tales como el mar, el campo, la montaña, la família o las amistades, sinó más bien un único hilo conductor que es el Amor. El estilo compositivo no busca pues emular las olas o la calma de una puesta de sol, ni evocar la energia de la floración o el bullicio de un mercado. Con este ciclo Toldrà nos demuestra que los ritmos debaile de otros lares, las estructuras con reminiscencias de las baladas tradicionales y los giros musicales teatrales no le resultan terrenos desconocidos.

Pero esta interrelación trasciende la península ibérica y ningun otro ciclo de canciones es mejor testigo que las "Cinco Canciones Negras" de Xavier Montsalvatge (1912-2002), en las que usó los ritmos y los temas de la música antillana y donde uno claramente observa como la lengua castellana acoge España, Cataluña, Uruguay y Cuba bajo un mismo techo artístico. A Montsalvatge le fascinan las expresiones musicales del Caribe (se  inició en ellas haciendo una colección de las habaneras de la Costa Brava que tanto quería), tal com se podía ya apreciar en los “Tres divertimentos”. En el siglo XVIII los colonos catalanes en el Caribe cuidaron su tradición musical, mezclándola aún así también con el colorido local típico.
Los poemas que conforman “Cinco Canciones Negras” reflejan las voces de las minorías oprimidas o privadas de derechos. Como encargo de Mercè Plantada, inicialmente Montsalvatge musicó Canción de cuna para dormir a un negrito (1945) de Ildefonso Pereda Valdés. Animado por el éxito del estreno, eligió Chévere de Nicolás Guillén -dedicada a Santiago Kastner- i Canto negro –dedicada a Pierrette Gargallo-, para enmarcar la canción de cuna. En seguida añadió poemas de dos grandes amigos suyos: Punto de Habanera –dedicada a Lola Rodríguez de Alarcón- del poeta mataronense Néstor Luján i Cuba dentro de un piano (dedicada a Conxita Badia), del gaditano Rafael Alberti (exiliado por Franco). En el momento en que Montsalvatge recoge estos textos, “Cinco canciones negras” pasa a ser una afirmación deliberada sobre como el compositor deseaba representar España, la América hispanizada y las cuestiones de identidad que habían sido aún más enfatizadas por la Guerra Civil española. Mercè Plantada y el pianista Pere Vallribera estrenaron el ciclo el 18 de Marzo de 1945. “Cinco Canciones Negras” encarna el clímax del Antillanismo de Montsalvatge i se considera una auténtica fusión de las influencias catalanas y caribeñas. La versión orquestal bajo la dirección musical de su antiguo maestro Eduard Toldrà se estrenó pocos meses antes de la muerte de Manuel de Falla convirtiéndose así una entrega simbólica del testigo del Nacionalisme musical de este hacia a Montsalvatge.

Para no limitar las raíces castellanas al ámbito poético, deseaba acoger un compositor que no hubiera nacido en Cataluña. Por muchas razones Manuel de Falla (1876-1946) era el candidato ideal para simbolizar este puente conciliador entre las dos culturas, ya que su propia madre era catalana, su primer profesor significativo de composición era también catalàn (Felip Pedrell), así com su musa e íntima amiga, la soprano catalana Conxita Badia. Simbólicamente el Círculo Manuel de Falla dio cobijo a más de una generación de músicos catalanes que buscaban un suspiro de libertad en la asfixia cultural de la dictadura. A pesar de que no había una conexión personal directa entre Falla y los compositores presenten en nuestro disco, diversas huellas artísticas los conectan: siguiendo sus pasos, Mompou y Magrané se inspiraron también en el estilo compositivo parisino; para Montsalvatge, Falla fue una brújula imprescindible en su camino musical ("Soneto a Manuel de Falla", 1973) y el propio Toldrà dirigió el estreno póstumo de "L'Atlàntida" de Falla (1961) en Barcelona, un ambicioso oratorio que ayudó al compositor gaditano a ampliar sus conocimientos de catalán. Siguiendo el marco del intercabio cultural, el andaluz Manuel de Falla se aproximó a los diferentes carácteres del folklore musical español escribiendo las “Siete Canciones Populares Españolas” (1914) que incluyen dos invenciones propias, Nana  y Jota, además de cinco canciones extraídas de los cancioneros populares de la época: El paño morunoSeguidilla murcianaCanciónPolo y AsturianaEl ciclo se estrenó en 1915 en el Ateneo de Madrid con la cantante valenciana Lluïsa Vela y el propio autor al piano.
A pesar del estilo inconfundible y personal de Falla, se reconoce la influencia de material folclórico en las estructuras estróficas puras, las melodías limpias y directas, la tesitura central y reducida y las reminicencias de la guitarra flamenca. Como también sucede en el ciclo de Toldrà, el Amor es la temática que prevalece durante toda la obra, pero en este caso los poemas son anónimos tradicionales, adaptados o combinados con fragmentos de obras de poetas conocidos de la época.

En su nuevo ciclo "Tres poemes de Bartomeu Rosselló-Pòrcel" (dedicat a Anna Alàs i Jové, 2018) Joan Magrané i Figuera (1988) cultiva la continuidad de la tradición de la canción catalana, especialmente desde el Novecentismo hasta Frederic Mompou y Manuel Blancaort. Las principales características de esta herencia son la claridad, la inteligibilidad del texto y la idea de que menos es más. El compositor escribió el ciclo durante una residencia artística en la Casa de Velázquez (Madrid) y se inspiró en la obra de Rosselló-Pòrcel por su potencia poética y por el vínculo con el Ateneu Barcelonès, entidad que Magrané siente com un segundo hogar. El compositor se encuentra muy próximo a toda la generación de poetas novecentistas desde Josep Carner hasta Rosselló-Pòrcel. El proceso creativo de Magrané parte de la familiarización íntima con las palabras hasta extraer de ellas una música, no tanto de manera descriptiva sino captando su esencia. Para él, la canción es una evolución natural del Madrigal y ambos géneros apuntan a convertirse en un espacio destacado en su corpus compositivo.


2. El legado que (tozudamente) perdura

Repasando la génesis de estos extraordinarios ciclos de canciones no pasa desapercibido un ingrediente imprescindible: las voces femeninas que dieron vida a las partituras. Sin Mercè Plantada, Lluïsa Vela o Pura Gómez de Ribó no hay melodía que valga, ni progresiones armónicas o ritmos innovadores que, de lo contrario, acumularían polvo en un cajón. Además de intérpretes, también asumían la labor de promotoras, divulgadoras y, como consecuencia, de musas. Esta línea genealógica artística es otra de las facetas que también pretendo destacar bajo el título "Legacy" y es que este legado proviene de un largo interés de las cantantes catalanas (ver cronología) por el repertorio vocal de cámara, pero también de un entorno favorable por parte del público y de los programadores catalanes, que valoraban a sus autores tanto como a los foráneos, tal como demuestran los programas de concierto de la época. Dos de las precursoras fueron la soprano Maria Barrientos i Llopis (Barcelona, 1884-1946) y la mezzosoprano Maria de Lourdes Pichot i Gironès conocida como Maria Gay (Barcelona, 1876-1943). La primera, formada por Josefina Huguet Salat, al retirarse de los escenarios operísticos internacionales se dedicó intensamente a la Canción donde destacaba per su color vocal cálido y grabó casi todas las obras de Manuel de Falla, la mayoría acompañada al piano por el propio compositor. La segunda hizo de la Canción su campo artístico principal alcanzando una excelente reputación como liederista en toda Europa. Cabe hacer mención de la mezzosoprano Dolors Frau (Barcelona, 1882-1966), que si bien hizo carrera internacional en el terreno lírico, como pedagoga forjó destacadas liederistas. De la siguiente generación pero muy significativa en la tradición liederística catalana, la soprano Mercè Plantada (Sant Gervasi, 1892- 1976), no sólo se especializó en la interpretación vocal de cámara sinó que se implicó en su creación y divulgación llegando a ser catedrática de Lieder en el Conservatorio del Liceu; además de las “Seis canciones castellanas” de Toldrà, estrenó en Barcelona “El amor brujo” de Manuel de Falla, bajo la batuta del compositor, e interpretó Lieder de Strauss y Stravinsky con los propios autores en el piano. Con una voz de excepción, la contralto Concepció Callao (Barcelona, 1895-1959) simultaneava por toda la península roles wagnerianos con la interpretación de Lieder. La mezzosoprano Conxita Supervia (Barcelona, 1895-1936) estudió con el gran maestro Joan Goula y se convirtió en una estrella internacional que grabó Canción de Toldrà, Grignon, Falla o Albeniz para His Master’s Voice. La soprano Conxita Badia (Barcelona, 1897-1975), alumna predilecta de Rosa Culmell y Enric Granados, se perfilaba ya como una de las más grandes liederistas catalanas y musa de numerosos compositores. Nacida ya en el siglo XX Genoveva Puig (Barcelona, 1900-1986) fue intérprete pero también compositora de canciones y una reputada pedagoga vocal. La semilla liederística que llegarà hasta el siglo XXI està sembrada, ya que estas grandes artistas formaran la generación que resonará en la mía. Así pues, Candelaria Gómez Mas conocida como Pura Gomez de Ribó (1918-1998), alumna de Conxita Badia, estrenó varios ciclos de canciones, entre ellos “Combat del Somni” de Mompou. Una jovencísima Victoria de los Ángeles (Barcelona, 1923-2005) impresionó a Mercè Plantada y más adelante se formó con Dolors Frau y Napoleone Annovazzi. Fue una gran defensora de la música vocal de cámara llevando la canción catalana por todo el mundo. La mezzosoprano de origen catalán Myriam Francheri Baglietto conocida com Myriam Alió (Buenos Aires, 1930-2018) estudió con Dolors Frau y Conxita Badia, quien li despertó el amor por la Canción, género que cultivó junto a su marido el pianista Manuel Garcia Morante, fue catedrática del Conservatorio Municipal de Barcelona donde impartió Canto, Lieder y Cançó española. La mezzosoprano Anna Ricci (Barcelona, 1930-2001), reconocida con la Creu de Sant Jordi, formada con Concepción Callao, interpretó Canción de todas las épocas poniendo especial énfasis en la nueva creación, atrayendo el interès de prácticamente todos los grandes compositores contemporáneos: Mestres-Quadrenys consideraba que si existe música vocal catalana de la segunda mitad del siglo XX es gracias a ella. La soprano Montserrat Caballé (Barcelona, 1933-2018) cultivó su interés por la Canción y el Lied de la mano de Conxita Badia, convertiéndose también en ambajadora del repertorio; entre sus grabaciones destaca “Combat del Somni” con Mompou al piano. La soprano Carmen Bustamante i Serrano (Totana, 1938), Creu de Sant Jordi, formada con Dolors Frau, ha grabado numerosos discos de canción y entre otros ha estrenado obras de Mompou y Montsalvatge. La soprano Maria Dolors Aldea (Tarragona, 1942) formada en el Conservatori del Liceu con Dolors Frau, amplió sus estudios en Salzburg, donde se especializó en Lied, pasión que ha transmitido a una nueva generación de destacados liederistas catalanes. Y finalmente y compartinendo origen, la soprano Montserrat Alavedra (Terrassa, 1946-1991) que se formó con Genoveva Puig, después en Madrid con la gran liederista gaditana Lola Rodríguez Aragón y finalmente en el Mozarteum de Salzburg, alcanzando una gran fama mundial como liederista que la llevó a estrenar obras de Mompou, Gerhard o Taverna.
Sería una injustícia obviar a los partenaires autoctónos que colaboraron a la creación y difusión del repertorio, como Pere Vallribera (Sallent, 1903-1990), pianista liederista de Supervia, Callao, Plantada, Badia, Caballé, et al., que estrenó obras de Mompou, Toldrà y Montsalvatge (“Cinco canciones negras”) y fue catedrático de Acompañamiento para Canto y director del Conservatorio del Liceu. También al prodigio pianístico Blai Net (Sant Boi, 1887-1948), que a pesar de no dedicarse exclusivamente al repertorio vocal estrenó las “Seis canciones castellanas” de Toldrà. La pianista y pedagoga Enriqueta Garreta i Toldrà (Barcelona, 1907-1971) colaboró frecuentmente con liederistas como Conxita Badia, Emili Vendrell, Concepció Callao, Ricard Fuster o Mercè Plantada; grabó con Francesca Callao canciones de Francesc Pujol, Apel·les Mestres y Altisent (Vergara, 1962). Incluso la gran Alicia de Larrocha (Barcelona 1923-2009) dedicó su genio al repertorio vocal de cámara colaborando en recitales y discos con Victoria de los Ángeles, Pilar Lorengar y Conxita Badia. Rosa Sabater (Barcelona, 1929-1983), pianista y pedagoga de fama internacional, acompañó a Conxita Badia y Carme Bustamante, grabando para la UNESCO (1983) junto a La Caballé «Le lied catalan du XX siècle». Manuel García Morante (Barcelona, 1937) además de grabar y acompañar recitales de Canción con Alió, de los Ángeles o Bustamante, es armonizador de canciones tradicionales catalanas y autor de canciones y óperas. Àngel Soler (Barcelona, 1940-2017) fue una figura caudal de la música camerística que acompañó a de los Ángeles, Alavedra, Ricci... Su tarea pedagógica sigue dando frutos en las nuevas generaciones de pianistas de cámara. 

3. El legado que caduca

En un enfoque con mucha menos dimensión y escasa trascendencia, a nivel personal el proyecto “Legacy” también es un punto y seguido festivo después de una década de colaboración con el pianista i buen amigo Alexander Fleischer. Al abrigo de consejos valiosísimos de voces y manos excepcionales, a lo largo de estos diez años hemos crecido juntos como personas y como intérpretes y hemos forjado un repertorio común de casi doscientas canciones, la mayoría  de elles de compositores y poetas alemanes (Lieder). L'Alexander (hijo de cantante) ha desarrollado una sensibilidad extraordinaria para prevenir las inflexiones vocales y para apreciar los colores de una poesía (en la lengua que sigui) para imprimirlos en el teclando; sospecho que se ha hecho una ficha mental de las peculiaridades interpretativas de cada uno de sus cantantes de cabecera. Por mi lado he exprimido tanto como he sabido mi imaginación y mis cuerdas vocales para pintar imágenes y emociones, sin tener que ocupar ni media neurona en la posibilidad de que el piano se descoordine o me lastre vocalmente. Porque ensayar un programa durante unos cuantos días nos permite llegar a compromisos con nuestro partenaire musical, pero conocerse profundamente a nivel artístico abre la puerta a interpretaciones orgánicamente vivas y recitales de canción irrepetibles. Esta tradición de dúos estables que tantas alegrías nos aportó durante el siglo XX (Schwarzkopf-Moore, Fischer-Dieskau-Moore, Lott-Johnson, Fassbaender-Gage, Shirai-Holl, Hampson-Rieger, Berganza-Lavilla, de los Ángeles-Moore, Souzay-Baldwin,...) parece profundamente amenazada hoy en día. Probablemente lo más natural habría sido grabar repertorio teutón, fruto directo de nuestra formación liederística en Alemania. Pero de nuevo, si no somos nosotros, las y los cantantes que tenemos por lengua materna el catalán o el español, que hemos bebido su prosodia, que hemos escuchado cada sílaba coloreada con una emoción genuina, ¿quién grabará el corpus de canción catalana? ¿Quién ofrecerá diferentes versiones correspondientes a los cánones estéticos del siglo XXI siguiendo la estela que de los Ángeles, Vendrell, Berganza, Caballé, Carreras, Aragall o Lorengar dejaron en el siglo XX? ¿Quién hará que las nuevas creaciones puedan escucharse en todo el mundo? Estas preguntas con una respuesta común -nosotros, los intérpretes autóctonos- y el enorme afecto por estos grandes ciclos que había tenido la suerte de interpretar préviamente tanto con Alexander como con otros excelentes partenaires no dejaban otra opción: Quería reivindicar todo este potencial a través de una instantánea del momento interpretativo en el que me encontraba. Es necesaria una acción a todos los niveles (salas, medios de comunicación y estamentos públicos) para corregir la deriva de invisibilización y menosprecio que instauró la dictadura sobre el patrimonio catalán y que en el campo de la "Clásica" no ha sido reparada. Las nuevas generaciones formadas con dinero público del sigo XXI no deberíamos pagar las filias y fobias políticas de hace 70 años. En este aspecto, por tanto, la palabra "Legacy" pasa a significar "testamento": Las últimas voluntades de una admiración y un respeto tozudamente alzados.

Anna

© 2019 by Anna Alàs i Jové

Anna Alàs i Jové, mezzosoprano